A modo de presentación


Hola viajero.
Has llegado al zoótropo, un lugar perdido en la Red en el que encontrarás mis fotografías adornadas con las historias y las citas que he creado para ellas.

Siempre he creído que cada instante tiene tras de sí una historia (o merecería tenerla). Yo me preocupo de enlazar imágen y palabra en un intento de recrear el mundo que me rodea.
Las imágenes de este blog, al igual que las historias que las acompañan, siempre tienen algo de real y algo de imaginario. Calcula tú, viajero, si puedes, la proporción de cada uno de estos ingredientes.

Un ruego: Tan sólo te pido que dejes aquí huella de tu paso.
Si ya has entrado, no te vayas en silencio. Deja aquí tu comentario, inventa tú tu propia historia, juega conmigo al eterno juego de recrear las citas de los autores perdidos en nuestras bibliotecas imaginarias...


Entra ya en este zoótropo en el que, con un movimiento intermitente, se mezclan imágenes y palabras, realidad y ficción...


Jverbo

Extraños instantes

extraños

Diario de bitácora: 22 de Abril de 2010-04-22


A veces, cuando reviso mi archivo fotográfico, me encuentro con fotos que tenía olvidadas.

Este encuentro conmigo mismo es a veces chocante, confuso… es como si intentase salir de un sueño amnésico que me ofrece la realidad, el pasado, tan sólo a retazos..

En ocasiones es mucho más inquietante: sobre todo cuando me encuentro en esas imágenes con rostros de desconocidos que, por puro azar, compartieron conmigo un instante de sus vidas, un hálito, una visión, y puede que, incluso, un sueño, un deseo…

Cuando me enfrento a su mirada, me reafirmo en mi creencia de que lo que somos, lo debemos en buena parte a esa colección casi infinita de momentos aparentemente intrascendentes que hemos compartido de puntillas con extraños de los que no sabemos absolutamente nada.

Cuando miro su rostro congelado para siempre a bordo de un instante en mis fotografías, tiendo a dialogar con ellos y les formulo las preguntas que nunca en la vida ordinaria pudieron responderme... y les interrogo sobre sus sueños, sus delirios, sus aflicciones, sus esperanzas…

En mis fotos, tan sólo soy dueño de un instante de sus vidas. Un instante que, a buen seguro, ellos han olvidado para siempre.

A mis preguntas contestan tan sólo con el gesto que la cámara implacable captó, dejándome de nuevo solo en el abismo de mi propio universo.


La soledad se expande entonces… un poquito más.

El jugador de mus

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Lo supo

Lo supo en instante en que abandonó el portal de la que hasta ese momento había sido su casa.

Supo que ya nunca regresaría, que no pasaría más por esa puerta, cansado de un trabajo que le aburría, para entrar en un lugar en el que él sabía que sobraba.

La decisión no fue fácil, pero al menos fue natural: debía desaparecer.

No cogió nada; no dejó nada… no habló con nadie del asunto: no lo pensó siquiera: le daba miedo arrepentirse.

No volvimos a verle, ni siquiera sus amigos, los tres compañeros de la partida de los jueves, que quedó, desde entonces inconclusa.

Al principio fue más duro, luego, simplemente se acostumbró, casi, a ser un invisible, un desaparecido, un paria… una sombra.

Nosotros también nos acostumbramos a su ausencia.

Ayer mismo lo reconocí mientras comía, muy lentamente, un plato de sopa en el banco de debajo de san Mauro. Al sentirse observado elevó la vista, enfocó torpemente mi rostro con sus ojos vidriosos y, segundos más tarde, siguió comiendo sin prisa.


Juraría que me guiñó levemente un ojo, tan disimuladamente como cuando me indicaba las 31



Julio Pérez Vuelta "El jugador de mus"

Once de marzo

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Hoy también irá a la estación.

No viaja habitualmente en tren, pero desde hace seis años mantiene un rito íntimo:
Se levanta muy temprano y se arregla de domingo. Viste a su hijo, también, como si fueran a dar un paseo por la calle principal en día de fiesta. Evita las joyas ( no es que las use mucho, es que ese día no le parecen oportunas). Se encaminan los dos, de la mano, hasta Atocha; se detienen anta las velas que alguien ha instalado en un altar improvisado y medita... no reza; no le sale.
A una hora determinada toma el tren hasta llegar hasta donde todo comenzó. Allí deja una flor.

Al volver mira a su hijo y siempre hace la misma reflexión: Ella no es creyente, no perdió a ningún familiar ese once de marzo, la razón le dice que no es ni la única ni la mayor de las tragedias que le ha tocado ya vivir... y, sin embargo, desde ese día no puede evitar un nudo en el estómago que sólo se alivia cumpliendo con este rito que le parece que le acerca un poco a esas personas que han tenido que vivir desde entonces con tanta lágrima y tanta pregunta incontestada.

Lo cierto -termina siempre pensando- es que quienes quisieron hacer daño como respuesta a otros daños ancestrales, no sabrán nunca la dimensión tan terrible de la herida que crearon.

Carin divermack: "En memoria de los 192"

Yo aún veo sus rostros

Aún no sé qué responder cuando me preguntan la razón de mi visita al campo de experminio de Auschwitz-Birkenau.

Sería fácil responder que, estando en Cracovia, era una visita obligada, pero la respuesta es más compleja y tiene que ver con los últimos versos del poema de Primo Levi que encabeza su tristemente magnífica trilogía sobre su experiencia en ese mismo campo :


Si esto es un hombre

Los que vivís seguros
En vuestras casas caldeadas
Los que os encontráis, al volver por la tarde,
La comida caliente y los rostros amigos:

Considerad si es un hombre
Quien trabaja en el fango
Quien no conoce la paz
Quien lucha por la mitad de un panecillo
Quien muere por un sí o por un no.
Considerad si es una mujer
Quien no tiene cabellos ni nombre
Ni fuerzas para recordarlo
Vacía la mirada y frío el regazo
Como una rana invernal.

Pensad que esto ha sucedido:
Os encomiendo estas palabras.
Grabadlas en vuestros corazones
Al estar en casa, al ir por la calle,
Al acostaros, al levantaros;
Repetídselas a vuestros hijos.

O que vuestra casa se derrumbe,
La enfermedad os imposibilite,
Vuestros descendientes os vuelvan el rostro.

También es cierto que fui con el afán de sacar unas buenas fotos de un escenario tan cruelmente interesante para mi espíritu de captor de imágenes humanas.

Pero apenas pude tomar algunas fotos porque ¿cómo se puede fotografiar lo que realmente se siente en Auaschwitz?

Sabía que me iba a encontrar cara a cara con los restos del auténtico infierno, pero lo que allí, vi, lo que allí pude apreciar, es mucho más cercano y dañino que eso: lo que sentí fue el auténtico hedor del averno que se manifiesta de un modo tan sutil, que sólo es percibido a flor de alma, no con los sentidos.

El dolor, el sufrimiento, la angustia, el miedo…. aun perviven en ese lugar como una peste que se transmite de generación en generación.
Yo lo he visto representado en ramos de flores mustias que alguien depositó junto a un horno.
Lo he respirado en esa lúgubre habitación que miles de personas pensaron que era una ducha.
Lo podido tocar cuando ayudaba a una anciana a salir del oscuro sótano en el que unas personas musitaban una oración yeddish que pretendía conjurar todo el mal y alejar el recuerdo de esa maldad que allí danzó su maldito baile de muerte al compás de las tristes notas de la orquesta de prisioneras de cara triste y mirada vacía.



Cuando me preguntan, ahora puedo decir que conozco el lugar en dónde habitó el mal, dejando allí su acre aroma de dolor y miedo.




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Con esta archiconocida burla hacia la dignidad de la humanidad eran recibidos los prisioneros que recalaban en Auschwitz.

Dias después de mi visita, el letrero fue robado. Confieso que me alegré durante unos días, pero lo cierto es que supimos enseguida que se trataba del encargo de un coleccionista de objetos nazis.

Maldito sea.



Auschwitz: el perfume del infierno

Las alambradas, erizadas de sucias púas y que pueblan el campo, son uno de los símbolos mas expresivos de la voluntad de los verdugos de aislar a los seres que consideraban infrahumanos.

¡Qué ironía más cruel!




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Para muchos prisioneros que no pudierosn soportar por más tiempo el dolor y la ignominia, la calavera que anunciaba el riesgo de morir electrocutado, fue como una envenenada invitación a una muerte rápida, instantánea.

Nunca podemos saber dónde vamos a encontrar un mínimo consuelo.




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Los detalles más simples se convierten en Auschwitz en terribles recordatorios de un dolor sin límites: cientos de piernas ortopédicas, amontonadas meticulosamente después de serles arrebatadas a los muertos en vida, conviven hoy de Auschwitz junto a miles de maletas, de escudillas, de palanganas, de gafas, de juguetes infantiles.

La prueba de que el mal ha vivido allí es que he podido ver el Dolor en los ojos opacos de un osito de peluche.



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"Entráis por la puerta y saldréis por la chimenea" les decían



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Aunque tan sólo fue un momento, llegué a sentirme tan solo como nunca me había encontrado: casi abandonado en la contemplación del tenue temblor de las manos de un abuelo que permaneció durante horas frente a lo que fue un paredón de fusilamiento.

Cuando me fuí del campo el sol se estaba ya escondiendo y el aniano aún seguía allí.




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Creo que lo más duro , pese a todo lo dicho, fue enfrentarme a la realidad a través de las fotografías de cientos de miles de personas que están distribuidas por todos los pabellones. Son fotos tomadas por los soldados del campo a la llegada de los prisioneros para cumplir con el ritual de la macabra burocracia que se instaló en este lugar.

Enfrentarme a sus ojos, que miran de frente, y leer debajo el nombre no fue sino la antesala del mazazo que supuso leer los algoritmos que representan la fecha de entrada y la de la defunción de cada uno de ellos:

JULIA CHRZAN llegó el 6-10-1942 y murió el 9 -12-1942
JÓZEFA MATYSIAK llegó el 6-10-1942 y murió el 7-11-1942



En la foto de Julia alguien había prendido una flor







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Al día siguiente visitamos el guetto. En uno de los edificios se anunciaba una exposición fotográfica titulada "Yo aún veo sus rostros".

En ese momento me prometí a mí mismo escribir esta entrada en el blog, quizá para que no cayera sobre mí la terrible maldición de los últimos versos del poema de Levi:

Repetídselas a vuestros hijos.

O que vuestra casa se derrumbe,
La enfermedad os imposibilite,
Vuestros descendientes os vuelvan el rostro.

El verdadero rostro del diablo

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Creo que mi escepticismo radical nació el verano en que pude ver el verdadero rostro del diablo.

Tendría yo 8 ó 9 años y fue durante la celebración de la "fiesta del demonio", residuo de un rito ancestral de iniciación en el que "el demonio" corre por las calles persiguiendo a los chiquillos para azuzarles con su tridente y asustarles con sus gestos y alaridos.

Todos los chicos y chicas de mi edad esperábamos esa fiesta con una mezcla extraña de ansiedad y auténtico pánico: ese día podríamos demostrar nuestra valentía si éramos capaces de salir al encuentro de tan tremendo enemigo. (Si alguno de nosotros consiguiera acercarse al diablo y tirarle del rabo -y salir indemne de tamaña empresa-, habría alcanzado sin duda el estatus de héroe local, al menos durante una temporada.)

Ese año al que me refiero, todos los chicos de la pandilla, espoleados por las puyas de Juan, el más mayor de todos, nos lanzamos a la calle con la intención de ganarnos el título de valientes por méritos propios, y para ello estuvimos trazando un plan que permitiera que, al menos uno de nosotros tuviera la oportunidad de alcanzar al demonio desprevenido, por detrás. Debimos retrasarnos demasiado planeando la salida, pues cuando nos echamos a la calle, la fiesta estaba a punto de concluir, pero pudimos ver cómo
el demonio se alejaba sólo, calle abajo, dejando a la chiquillería en la plaza, en el refugio que representaban sus padres.

No lo dudamos ni un segundo: lo seguimos a prudente distancia con la intención suicida de ser nosotros quienes pudiéramos sorprender al monstruo en una emboscada.

Vimos a Belcebú meterse en un portal y nos acercamos muy lentamente. Al llegar a la puerta de lo que resultó ser un bar, decidimos esperar fuera y sorprenderlo a la salida, pues dedujimos que se habría introducido allí para castigar a algún parroquiano.

Cansado de esperar, la ansiedad venció a mi miedo y decidí asomarme a la puerta con el fin de vigilar de cerca los movimientos de nuestra presa.

Lo que ví entonces no lo conté nunca a mis colegas de aventuras; no pude hacerlo: El diablo estaba apoyado en la barra del bar, como un cliente cualquiera y, de espaldas a mí, bebía con prisa un chiquito de vino.

Cuando se volvió, quizá alertado por algún ruido, pude ver su rostro y juro que, como salí corriendo espantado, no comprendí hasta pasado un buen rato y gracias a la explicación no exenta de sorna de mi padre, porqué el diablo tenía el rostro de mi tío Luis, el actor.


Xoan Vendrell: "Na festa do demo"

Balada para un loco

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Cada tarde, a eso de las 5, el cuerpo -solito como aire de pampa- me llevaba a pasearme despacito por la Rua do Villar, no tanto por empaparme del aire nostálgico de este Santiago que me acogió hace ya casi ocho carnavales, como para sentir la sensación imaginaria de irme acercando, arrabal por medio, a esas notas lunfardas que en su día llorara Anibal "Pichuco"acompañando las palabras de Ferrer y que ahora eran mi única conexión con mi perdido mar del Plata.


El músico ambulante, que decía apellidarse Goyeneche, -como el famoso polaco-, desgranaba lentamente tangos, como quien reza una letanía, que iba tejiendo a este lado del Atlántico una ilusión densa y lasciva que gambeteaba Rua arriba.

Cantaba tango con la precisión y el oficio de un cirujano, apasionado en la forma, pero frío y distante en el profundo.

Sólo una vez le ví emocionarse.
Puedo dar fé de que esa tarde (y nunca más) vi como le temblaba la mano al interpretar una pieza.


"Loco, loco, loco, cuando anochezca en tu porteña soledad,
or la ribera de tu sabana vendré con un poema
y un torombon a desvelar el corazón.
Loco, loco, loco, como un acróbata demente saltaré
sobre el abismo de tu escote hasta sentir
que enloquecí tu corazón de libertad, ya vas a ver."


Fue la única vez, también, en que pude oirle interpretar la "Balada para un loco" , de Horacio Ferrer, a la que había incorporado una adaptación para guitarra de la histriónica melodía que Piazzola había inventado casi al remango.

Juro que esa vez no pude evitar quedarme ahí, como abriboca, mientras una lágrima resbalaba por mi rostro y un recuerdo lejano se empeñaba en armar quilombo en mi corazón:


...Quereme así, piantao, piantao, piantao...
trepate a esta ternura de loco que hay en mi,
ponete esta peluca de alondra y volá, volá conmigo ya:
veni, quereme así piantao, piantao, piantao,
abrite los amores que vamos a intentar la trágica locura
total de revivir, vení, volá, vení, tra...lala...lara...



Ernesto Krusser " Lejos del Mar del plata"

Mar de fondo

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Sé que esta historia tiene un aire demasiado tópico como para parecer creíble, pero en eso reside el encanto de la realidad: supera con creces a la ficción.

No pretendo narrar aquí la historia de Joao. Si alguno de vosotros está interesado en saberla no tiene más que dejarse caer por la alameda de Sao Damaso, en Guimaraes y preguntar allí: todo el mundo conoce esta historia.

Joao se sienta siempre en el mismo banco, a la misma hora, y permanece allí con la vista perdida en sus recuerdos, toda la tarde.

Joao tiene una sed infinita de mar; de ese mar que le robaron y que no podrá sentir nunca más en su piel agrietada de marino sin rumbo. Por eso intenta aplacar su ansia con una mezcla de vino barato y tabaco de pipa, mientras mira hipnotizado las lineas del suelo que le recuerdan esa última galerna que lo llevó a dique seco.

Joao está solo desde que le dejaron sin puerto en el que recalar; maldice muy bajito cuando alguien, sin saberlo, cruza por delante de él y rompe el hechizo de las olas de piedra que lo envuelven a él y a sus recuerdos.

Joao, si tiene suerte, morirá acunado por el rumor de su añoranza, sentado en el banco de la alameda que, según él, al caer la tarde, huele a algas ya sal de mar.

Simon d´Agosto: "Diarios de Portugal"

Homenaje a Augusto Monterrosso

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...Cuando despertó, el edificio YA no estaba allí.

El primer mar

por primera vez el mar

Recuerdo aún la primera vez que vi el mar.

Recuerdo que, antes de verlo, lo había sentido ya en la piel, cuando la humedad se me pegaba mientras subía esa loma arenosa que a mí, de niño, siempre me parecía una gran montaña desértica.

Luego lo oí. No tuve más remedio que frenar mi ansia por ver, para paliar la sed de mis otros sentidos. Oí el rugido del monstruo dormido con la atención del vigia nocturno y olí, además, el aroma del océano preñado de vida que como un bálsamo especiado llenó mi centro.

Cuando por fin lo ví, infinito, mágico y terrible, con la falsa calma del dragón levemente hechizado, comprendi las palabras de Herman Melville:

"Jamás ha existido un hombre verdaderamente grande que haya transcurrido toda su vida en tierra"

Jesús Timbradd "Tras la estela de Moby Dick"

O pais das bestas

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"Llegó allí casi por accidente, ya nadie se acuerda cuándo, pero supo encontrar, sin embargo, los suficientes paralelismos con el color de sus highlands como para decidir quedarse a probar.

Si aguna vez tuvo una duda, si en algún momento sentió el deseo irrefrenable de volver a su tierra prohibida, ese impulso quedó frenado el día que bajó al curro, a la arena, por primera vez a enfrentarse, cuerpo a cuerpo con las bestias.

Xoan, el grande, el más tarugo de la aldea y el más bravo también, le había retado la noche anterior cuando, después de lo del tabaco, había bebido demasiado.

-Si es quen de baixar comigo ó curro, quedaste coa besta que te fagas

En la arena se mezclaba el olor de su propio miedo con el ruido de cientos de pezuñas salvajes. El bramido de los garañones rompió la fraga y , de pronto, sin anuncio ninguno, se vió rodeado por decenas de cuerpos deanimales asustados y furiosos que buscaban una salida inexistente.

En una fracción de segundo, lo mismo que tardó en cruzar sus ojos con el ruano que encabezaba la manada y que se dirigía directo hacia él, se fué el miedo en forma calor que subió hasta su garganta para transformarse en un grito inhumano mientras, con toda su alma, se lanzaba al cuello del caballo para repetir, sin saberlo, el rito, de la lucha ancestral entre el hombre y la bestia.

Supo entonces, que su tierra ahora y para siempre estaría ahí."

Scott Mc Higgins " Mi tierra"

Miradas (1)

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"Mírale a los ojos, viajero, y dime que ves en el brillo ausente de su mirada.
Imagina sus misterios, aborda sin miedo la búsqueda de su alma transeunte.
Canta con él la canción del silencio nocturno que aprendió quizá demasiado pronto y, si lo que ves mitiga un tanto el dolor de tu propia alma peregrina, ofrécele una moneda con la que pueda comprar un poco más del sueño artificial y etílico que lo acuna con el efecto balsámico del olvido."

Francois Trust "Oda al clochard"



Abride Escolas e han de pechar os cárceres

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Diario de Bitácora, Sábado 30 de enero de 2010:

Ahora que leo en la prensa tanto discurso interesado sobre la longitud de las penas carcelarias que, con la piel de cordero de una falsa seguridad, nos está intentando vender una sociedad prisionera de sí misma, recuerdo el momento que refleja esta fotografía:

Iago leyó en voz alta esta frase (este grito), de Concepción Arenal y se sentó allí mismo con actituda pensativa,
-¿qúe piensas, hijo?- Le dije.
-¿Es verdad que hay gente que está en la cárcel porque no quisieron ir a la escuela?- y me miró buscando en mí una respuesta que resolviera cierto conflicto interior.
-Más bien porque no pudieron ir- le dije intentando resumir el mensaje tan políticamente profundo de C. Arenal.
-Qué pena...- respondió, y con estas palabras también él supo resumir todo un inédito corpus de doctrina.

Durante todo el día, en nuestro paseo por esa ciudad, anduvo señalando edificios abandonados y diciéndome:
-Papá: ahí podrían hacer una escuela ¿no?

jverbo

La inocencia (2)

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"Miraba con la curiosidad a flor de piel, con un sentimiento extraño que le impedía dejar de observar las formas que se insinuaban tras el velado cristal. Miraba con cierto miedo indefinido que, no obstante, no impedía el impulso mal disimulado de intentar acercarse a ese foco de atracción.
Adivinaba, en parte, lo prohibido de su acto, en un comienzo de pérdida de la inocencia que no terminaría ya hasta el momento de su muerte.

Cuando volvió su rostro hacia mí, pude comprobar, no obstante,que su mirada seguía teniendo el brillo limpio y natural que tanto envidiaba."

Carlos Castillo " Ese momento incierto" (*)



Libro extraído de la biblioteca imaginaria de autores olvidados de jverbo.

contradicciones

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"Vivió a contracorriente, a veces por propia voluntad, otras, las más, impulsado por un destino caprichoso que jugó sucio con su vida hasta el final.
Vino a morir como vivió: queriendo dejar un mensaje amargo en las conciencias adormecidas de los que, a su lado, habían tenido mejor suerte.

Cuando el forense levantó el cadáver, en aquella acera del parque siempre transitado, dictaminó que llevaba tres días muerto."

Pedro Lyamn: "Las sombras que os rodean" (*)



(*) Libro exraído de la biblioteca imaginara de Autores Olvidados de jverbo

La inocencia (1)

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Diario de bitácora, Sábado 23 de enero de 2010.

Para reconciliarme con el mundo y volver a creer que el ser humano tiene alguna posibilidad; para recuperar la fe en la existencia de la inocencia, la ingenuidad limpia, la nobleza de corazón y el amor sin condiciones, me basta con regresar a casa y mirar la sonrisa de mi hijo.

Jverbo



Coincidencias.

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"Cuando murió Padre, de ese modo tan sorpresivo e inútil, Madre se empeñó en que yo conservara algunas de sus pertenencias.
No pude -ni quise- revisar esos objetos hasta unos días más tarde, cuando las lágrimas habían dejado ya sitio al frío del vacío.

Entre sus cosas estaba su reloj; ese que años antes le había regalado y que no se quitaba jamás.

Las manecillas, permanecían quietas marcando la misma hora en la que me dijeron que había sucedido todo. El reloj estaba parado.

Un tremendo escalofrío recorrió mi espinazo y, a pesar que presumo de escéptico, no pude evitar que mi mente comenzara a hilar desvariadas conjeturas basadas en la casualidad de ese hecho.

Llevé ese reloj encima durante semanas...

Hoy ya no lo llevo puesto, pero, a menudo, a cierta hora de la tarde, siento una desazón que no puedo explicar y el mundo me parece, por unos instantes, un poco más triste."

Gerónimo Allers " Impresiones" (*)

(*)Libro extraído de la Biblioteca imaginaria de autores perdidos de jverbo.

El miedo



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http://www.es.amnesty.org/noticias/noticias/articulo/la-proteccion-de-los-derechos-humanos-debe-acompanar-las-tareas-de-ayuda-en-haiti/
  1. Los niños tienen derecho al juego.
  2. Los niños tienen derecho a la libertad de asociación y a compartir sus puntos de vista con otros.
  3. Los niños tienen derecho a dar a conocer sus opiniones.
  4. Todos los niños tienen derecho a una familia.
  5. Los niños tienen derecho a la protección durante los conflictos armados.
  6. Todos los niños tienen derecho a la libertad de conciencia.
  7. Los niños tienen derecho a la protección contra el descuido o trato negligente.
  8. Los niños tienen derecho a la Protección Contra el Trabajo Infantil.
  9. Los niños tienen derecho a la información adecuada.
  10. Los niños tienen derecho a la Libertad de Expresión.
  11. Los niños tienen derecho a la Protección Contra la Trata y el Secuestro.
  12. Los niños tienen derecho a conocer y disfrutar de nuestra cultura.
  13. Los niños tienen derecho a la protección contra las minas terrestres.
  14. Los niños tienen derecho a la protección contra todas las formas de explotación y abuso sexual.
  15. Los niños tienen derecho a la intimidad
  16. Los niños tienen derecho a crecer en una familia que les dé afecto y amor.
  17. Todos los niños tienen derecho a un nombre y una nacionalidad.
  18. Todos los niños tienen derecho a la alimentación y la nutrición.
  19. Todos los niños tienen derecho a vivir en armonía.
  20. Todos los niños tienen derecho a la diversión.

"Puesto que es en la mente de los hombres donde se genera la violencia, es en la mente de los hombres donde debemos sembrar la PAZ"

Mahatma Gandhi

Reencontrar la belleza

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Cuaderno de bitácora. 17 de enero de 2010.

Creo que el ser humano está perdiendo la capacidad de reconocer la belleza en su entorno. Se ha acostumbrado demasiado facilmente a una belleza artificial, edulcorada y uniformista. Se ha habituado a que se nos diga de antemano lo que es bello o , lo que es peor, a identificar lo bello con lo que gusta a la mayoría o , lo que es aún peor, con lo que "está de moda".

Objetivo para este año: Tratar de recuperar la capacidad de encotrar la belleza ruda y salvaje. Tratar de no perder el ojo que mira y que ve cuando mira.

jverbo


Las sombras

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"Las sombras son cambiantes; varían sus proporciones de forma incomprensible, nos hacen ver figuran inexistentes y dibujan espectros donde tan sólo existen objetos cotidianos.
Las sombras nos impiden ver el mundo que nos rodea y nos llenan el alma de peligros imaginarios o de placeres incongruentes.
Las sombras nos sorprenden, en ocasiones, sin que estemos preparados para reconocerlas como tales.

Los recuerdos son, a veces, como las sombras."


Primo Vecchio: "Estudio sobre la luz" *


* libro extraído de la biblioteca imaginaria de autores olvidados de jverbo.

La última cita

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"Quedaron una vez más, como cada martes, en su banco del parque.
Ella se mantuvo en silencio todo el rato.
Él no supo sostenerle la mirada esta vez. Balbuceó una torpe disculpa en la que mezcló de manera casi infantil sentimientos y llamadas a la lógica.
Cuando ella bajó, a su vez, los ojos para que la lágrima no fuese tan patente, él intentó acariciarle como otras veces el dorso de la mano.
Ella apartó, a un tiempo, mano, cuerpo y alma mientras se levantaba y se alejaba en silencio.

Él permaneció sentado.

Esta sería su última cita."

Jeremías Smith "Valorio en invierno"
*


*Libro seleccionado de la biblioteca imaginaria de autores olvidados de jverbo

El violonchelista ciego

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"Conocí, en esas semanas que pasé en los suburbios de Praga, gentes de toda clase: hablé con filósofos-saltimbanquis que presumían de haber vivido historias de leyenda, me acerqué a hombres y mujeres de mirada opaca que buscaban mi mano o mi bolsillo; seguí de cerca los pasos de un anciano judío que recitaba versos de la Torah mientras construía, en su pequeño puesto de la calle Milesovska, marionetas con cara de niño...

Pero quien de veras me hipnotizó fue aquel violonchelista ciego que, sentado junto a la iglesia de Tyn, interpretaba música de Smetana y aseguraba ser la reencarnación del maestro relojero que construyó el reloj astronómico del ayuntamiento en 1490 y a quien los concejales dejaron ciego para que no repitiera su obra.

En su música se mezclaban, estoy seguro, los espiritus del creador de "el moldava" y el maestro relojero Hanus."



Lucianna Kaprova: " Gentes de Praga" *


* libro perteneciente a la Bibloteca imaginaria de autores olvidados de jverbo


La soledad era esto

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Cuaderno de Bitácora, 09-01-10:

Creo que fotografío muchas veces - quizá demasiadas- la soledad, en sus diferentes versiones y manifestaciones.

Lo hago de la manera como el niño juega con monstruos: para vencerlos, para dominarlos... para evitarlos.
Lo hago a modo de salmodia, como un mantra, como un conjuro.
Lo hago con la fascinación morbosa que tiene el ver en los otros lo que no querríamos ver en nuestra propia persona.

jverbo.


“Bueno, pues la soledad era esto:
Encontrarte de súbito en el mundo como si acabaras de llegar de otro planeta del que no sabes por qué has sido expulsada. (...)
La soledad es una amputación no visible, pero tan eficaz como si te arrancaran la vista y el oído y así, aislada de todas las sensaciones exteriores, de todos los puntos de referencia, y sólo con el tacto y la memoria, tuvieras que reconstruir el mundo, el mundo que has de habitar y que te habita.”

JJ MIllás: "La soledad era esto"

La balada de Tolito y Pepo

LA BALADA DE TOLITO Y PEPO

"Mucho antes de llegar a la plaza ya se oía su música alegre y pegadiza. El corazón se nos desbocaba como queriendo acompasar su ritmo con el de la tonada y nuestros pasos de niño se aceleraban para poder llegar cuanto antes a su lado.

Cuando llegábamos ante Pepo y Tolito asaltábamos sin piedad el muro humano que les rodeaba y nos sentábamos en primera fila, moviendo las manos como los directores de una imaginaria orquesta, con los ojos tan abiertos como nuestros corazones.

Si teníamos suerte, Pepo nos pasaba su sombrero y podíamos ayudarles a recoger los donativos.

Hoy también yo soy músico ambulante y cuando actúo en alguna plaza busco en todos los niños como si me buscase a mí mismo en el espejo del tiempo."

Julio Spinozza "Memorias de un saltimbanqui"

El último rayo de sol

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"Lo último que hacía cada tarde, antes de encerrarse en casa, era sentarse en ese banco de la plaza hasta que ese último rayo de sol desaparecía suavemente.

En ese banco había conocido la soledad, la espera, el amor, la vida, el desencuentro...

Ayer, al ver el banco solo, sin ella, un extraño escalofrío me recorrió el cuerpo: la plaza estaba más vacía y parecía más fría y oscura."

Juan Blanes "Las calles de Píndora"

La exposición

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"Siempre que exponía alguna de sus imágenes lo hacía con el secreto objetivo de dar a conocer al mundo la verdad que él plasmaba en cada instantánea.
Por eso, cuando observaba a algún expectador pasar apresurado, casi sin mirar, por delante de sus obras, sentía el impulso irrefrenable de recitarle los versos de Carlos Mazal que habían incitado su pasión por la fotografía:

Aprender a mirar con un poco de hondura
requiere el sedimento que los días nos dan
con su aluvión malsano; nos exige
la herrumbre compasiva de nuestras ilusiones,
y esa nueva inocencia extravagante
que da la fe sin fe de los incrédulos.
"


Sesión privada

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"No recuerdo tardes más felices que aquellos sábados en que mi madre, sin tener ya que dejarse las rodillas fregando escaleras hasta el próximo lunes, me llevaba con ella a pasear.

Andábamos despacito, cogidas de la mano, y nos encaminábamos, sin saberlo, hasta la plaza.
Allí comprábamos un paquetito de chufas, o de pipas, y disfrutábamos del ambiente relajado y festivo que empapaba, como fina lluvia, a todos cuantos estábamos por allí.

A veces un funambulista, un mago o un payaso callejero conseguían, a cambio de una moneda, transportarnos a un mundo de fantasía en un maravillosos teatro imaginario cuajado de risas infantiles y sorprendidas miradas de adultos.

Hoy, siempre que paso por esa plaza, busco ansiosamente esa felicidad que estará, sin duda escondida detrás de cualquier columna, mirando de reojo el espectáculo de cualquier artista improvisado.

Anna Goldberg: "Lo que conservo"

Suso, el hombe sabio.

suso

"Suso vive en la calle.
A veces me paro a hablar con él. Es un auténtico sabio callejero.
Sabe, sobre todo contar historias que, segun él son auténticas.

Mientras hablamos, acaricia suavemente la cabeza del perro que lo acompaña a todos lados.
Suso dice que es el perro quién marca la ruta que siguen y quien decide el tiempo que durará su estancia en un lugar.

No posee nada y no pide nada.

Ya lo dije: Suso es un sabio."


Aprendiendo a leer

leyendo en el parque

"Aprendí a leer en brazos de mi abuelo. Él me contagió el amor por las palabras, me introdujo en el secreto proceso de imaginar mundos; me trasladó ese sentimiento agridulce que todo lector tiene al terminar de leer la última página del último libro y que sólo se cura al comenzar a leer la primera página del libro siguiente.

Ahora, de mayor, cada vez que añoro a mi abuelo solo tengo que sentarme en un banco tranquilo dhe un parque y abrir un libro."

Cristhian Gerrsch "El mundo y sus misterios"

Juan Salvador Gaviota

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"La mayoría de las gaviotas no se molesta en aprender sino las normas de vuelo más elementales: como ir y volver entre playa y comida. Para la mayoría de las gaviotas, no es volar lo que importa, sino comer. Para esta gaviota, sin embargo, no era comer lo que le importaba, sino volar. Más que nada en el mundo, Juan Salvador Gaviota amaba volar".

Richard Bach: "Jonathan Livinsgton Seagull"

El último cupón

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"Amparo vendía cupones de la ONCE.

Podías encontrarla siempre, en el mismo lugar, pregonando la suerte de sus boletos hasta que conseguía vender el último, y podía regresar a su casa.

A veces, si el día no era propicio, la podíais ver allí, de pié, apoyada en la pared, hasta la hora del sorteo... pero ella asegura que nunca se llevó un cupón sin vender a casa.

Una noche, ya tarde, le compré el último cupón que le quedaba, quizá más para que pudiera dejar su esquina que por fé en el azar.

Gracias jefe-, me dijo, -ya pensaba yo que no daba hoy el premio gordo.

Me sonrió, al tiempo que guiñaba un ojo de mirada vacía y luego, girándose despacio, se alejó lentamente por la calle ancha.

Esa noche, pese a mi conocido escepticismo sobre los juegos de azar, esperé el sorteo con cierto nerviosismo y una buena dósis de ilusión."

JVM "Peronajes de mi infancia"